Acta de la Sesión Ordinaria del Congreso Constituyente del Imperio Mexicano del 21 de Mayo de 1822

Sello de Gobierno del Imperio Mexicano

SESIÓN ORDINARIA DEL SOBERANO CONGRESO CONSTITUYENTE DEL IMPERIO MEXICANO

21 DE MAYO DE 1822

Leída la acta del día anterior, después de algunas ligeras reflexiones fue aprobada, y a continuación presentó su voto por escrito el señor Alcocer, que suscribió el señor Tajada, sobre no aprobar se diese al Congreso, cuando se le había, el tratamiento inusitado de vuestra soberanía.

                Tomo enseguida el señor Presidente la palabra para manifestar al soberano Congreso, que aunque Su Majestad había tenido a bien concederle se retirase, temiendo se interpretarse mal su enfermedad, había resuelto perder antes su existencia en obsequio de la tranquilidad, y fue interrumpido por aclamación de los señores diputados, asegurándole hallarse Su Majestad persuadido de su honradez y probidad, y que no había motivo que desmintiese este concepto.

                Siguió el señor Presidente su discurso anunciando que aún todavía se hallaba la Patria en peligro: que este se aumentaría faltando la Unión, a que serían consiguientes las convulsiones políticas y las consecuencias más funestas: que por lo mismo, debiendo sujetarse a la mayoría los que difieren en la votación del domingo, era ya preciso sostener la elección del Emperador en el señor Iturbide, si fuese preciso, aún con la vida, supuesto era un deber hacer este sacrificio a la Patria: a lo cual contestaron varios señores diputados, manifestando hallarse prontos a sostener a Su Majestad Imperial a costa de su sangre y de sus vidas.

                Leído el decreto en que se participa al Supremo Consejo de Regencia, haber recaído la elección de Emperador en el señor Iturbide, pidió el señor Presidente se omitiesen algunas expresiones en que aparecía ser alguna violencia la que había obligado a dar este paso al soberano Congreso, cuando no era sino la consonancia y uniformidad de deseos que animaban al pueblo y a sus representantes: lo que apoyo el señor Don Camilo Camacho, recordando las demostraciones con que en los lugares de su tránsito había sido Su Majestad Imperial proclamando Emperador: con lo que reformado quedó concebido en éstos términos el decreto:

En la Corte de México a 19 de Mayo de 1822, segundo de la Independencia; el soberano Congreso constituyente mexicano, congregado en sesión extraordinaria, motivada por las ocurrencias de la noche anterior y parte que de ellas dio el generalísimo almirante con remisión de varios documentos que se transcriben en la acta de este día: oídas las aclamaciones del Pueblo, conformes a la voluntad general del Congreso y de la Nación: teniendo en consideración que las cortes de España por decreto inserto en las gacetas de Madrid de 13 y 14 de febrero último han declarado nulo el Tratado de Córdoba, y que por lo mismo es llegado el caso de que, no obligue su cumplimiento a la Nación Mexicana, quedando está en la libertad que el artículo 3 de dicho tratado concede al soberano Congreso constituyente de este Imperio para nombre para nombrar Emperador por la renuncia o no admisión de los allí llamados, ha tenido a bien elegir para Emperador Constitucional del Imperio Mexicano al señor Don Agustín de Iturbide, primero de este nombre, bajo las bases proclamadas en el Plan de Iguala y aceptadas con generalidad por la Nación, las cuales se detallan en la fórmula del Juramento que debe prestar ante el Congreso el día 21 del corriente.- Téndralo entendido la regencia y lo comunicará a todas las autoridades del Imperio, haciéndolo imprimir, publicar y circular, en cuyo acto cesará en las funciones de su interino cargo.

                Advirtió después el señor Tejada, faltaba en el acta leída al principio de la sesión, haber sido su señoría de dictamen el día anterior, que hubiese en aquel mismo prestado el Emperador el juramento.

                Se acordó en virtud del artículo 130 del reglamento interior de las cortes de España del año de 813 y a propuesta del señor Osores pasase una comisión de veinte y cuatro diputados que presentasen la fórmula del juramento que debía prestar al Emperador, previo el oficio correspondiente en que se prevenía esto mismo al ministro de relaciones.

                El señor Mangino apoyado por el señor Don Toribio González, insistió en que prestase Su Majestad Imperial el juramento en el mismo día.

                Ocupó el señor Cobarrubias la tribuna, y leyó una proposición, en que solicitaba se declarase urgente, y como base para la Constitución del Imperio, ser el soberano del Anáhuac y las naciones a él agregadas, un Congreso permanente en tiempo, y movible por mitad cada tres años de individuos electos popularmente; y como no pareciese del momento su resolución, se mandó pasar a la comisión de Constitución.

                Presentó el señor Marín el manifiesto que había de hacerse a la Nación, anunciándola su Emperador, y como fundarse debía leerse, en sesión secreta, se reservó para tiempo más oportuno.

                Se leyó el formulario y ceremonial del juramento y coronación del Emperador, cuya discusión se reservó para el día siguiente.

                Se suspendió la sesión hasta la una y tres cuartos de la tarde en que llegó la comisión nombrada para pasar el decreto referido a Su Majestad Imperial.

                Se presento inmediatamente el Emperador, y ocupando el trono, a su derecha el Presidente del Congreso pronunció un discurso en que hacía ver la sinceridad de los votos de los representantes de la Nación, y el júbilo con que veían un porvenir feliz y duradero, concluyendo con presentarle la fórmula del juramento que debía prestar, y que prestó enseguida: tomó después la palabra el Emperador, y poniendo a Dios por testigo, protestó que al dar la libertad al imperio, creyó este sería feliz bajo la dirección de algún monarca español; pero que su voz había sido despreciada, anulados los tratados que había celebrado, y el Congreso en plena libertad para escoger la forma de gobierno más adaptable a la Nación; que determinada ya, y designando él por el primer emperador, se sacrificaría gustoso por la felicidad común. Excitó al Pueblo a que velase sobre su conducta, queriendo dejar de reinar luego que faltase a la subordinación de la representación Nacional, al que se debe a las leyes y a la justicia.

                Y concluido su dictamen, se retiró entre las vivas y aclamaciones del pueblo que ocupaba las galerías; con lo que terminó la sesión a alas dos y media.

augustin_iturbide

Versión facsímil: http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/1/292/16.pdf

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